Síntomas del cerebro pandémico que nos afecta a todos

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La era Covid-19 trajo cambios importantes en nuestra capacidad de poner atención. El movimiento constante de los ojos, la carencia de actividad física y la falta de límites entre la vida personal, académica y laboral han mermado todavía más nuestra concentración. No es enteramente una cuestión de falta de voluntad. Por el contrario, el cerebro se acostumbró a una estructura errática que lo confunde, y lo mantiene bajo niveles elevados de estrés constantemente.

A pesar de que la nueva normalidad empieza a despuntar en algunos países, es una realidad que el cuerpo humano tiene que pasar un proceso duro de readaptación. A nivel físico y emocional, el sistema nervioso también tendrá retos al momento de salir del cascarón nuevamente. Si bien es cierto que quedarse en casa puede ser incómodo para ciertas actividades, también lo es que tiene grandes beneficios.

Aún así, la vida social no se circunscribe a las cuatro paredes de nuestro hogar. A diferencia de lo que se pensaba originalmente, reingresar a la vida exterior no es garantía de que el aturdimiento, la ansiedad y la ‘lentitud cognitiva ‘que trajo la pandemia desaparezca. Por el contrario, cada vez es más evidente que un proceso largo de duelo y confrontación al mundo será necesario para recuperar el ritmo previo a la aparición del coronavirus.

En la actualidad, se tiene registro de que la hormona principal del estrés en el cuerpo, llamada cortisol, genera trastornos del estado del ánimo. Entre los más recurrentes se encuentran la ansiedad y la depresión. Sin embargo, el cerebro también sufre: con la reducción de la corteza prefrontal, la cognición también se ve afectada. Esta región es responsable de la memoria, la concentración y el aprendizaje, que se entorpecen en consecuencia.

Después de meses de estrés sostenido, resulta natural que el cuerpo resienta las consecuencias del encierro, la pérdida y la confusión que este proceso mundial acarreó consigo. La pandemia nos enseñó que el estrés sí puede ser dañino para la salud física de las personas, más allá de los estragos emocionales que deja a su paso. Aunque esta afectación está ahí, no es del todo irreversible. Por el contrario, este fenómeno —conocido ahora como ‘cerebro pandémico‘— es superable.

Después de 18 meses de aislamiento y distanciamiento social, un estudio reciente reveló que la masa cerebral de los participantes se redujo. Barbara Sahakian, profesora de neuropsicología clínica en la Universidad de Cambridge, asegura que “los impactos en múltiples regiones del cerebro, son profundos“. Sin embargo, hay acciones consistentes que, si se hacen conscientemente, promueven que el cerebro pandémico recupere su actividad y dimensiones habituales:

  • Hacer ejercicio: la liberación de endorfinas que genera una rutina de ejercicio que se adecúe a las necesidades de cada cuerpo garantiza que el cerebro se estimule adecuadamente.
  • Escuchar música: el simple hecho de escuchar piezas que nos produzcan placer permite que la oxitocina se active, generando sentimientos de empatía y buena voluntad.
  • Alternar escenarios: cambiar físicamente de lugar permite que el cerebro se acostumbre a algo más que la misma pared gris frente al escritorio, o la pantalla del celular.

El punto es moverse de lugar, para disipar la niebla densa que la pandemia impuso sobre la vida cotidiana. A marcha forzada, la pandemia tendrá que ceder. Está en nuestras manos hacer que se nos salga del cuerpo, poco a poco.

Fuente: Muy interesante.

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