El Gobierno Corporativo o “los círculos de la virtud”

Presentación y antecedentes
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En México… nos hace falta ver más GC
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A estas estas alturas del Siglo XXI, en la medida que los procesos de globalización, desarrollo de nuevas tecnologías y dispositivos de organización, procesamiento y manejo de la información y de las comunicaciones, avanzan a una velocidad muy superior a la capacidad de asimilación, cambio y adaptación cultural en todos los países y regiones, todas las organizaciones enfrentan más y mayores retos, no sólo para competir exitosamente en sus mercados, sino para asegurar el mayor control posible de sus operaciones económico-financieras, mejorar su acervo tecnológico y sus procesos de operación y de toma de decisiones, gestionar mejor sus cadenas de comercialización, suministro, atracción y desarrollo de talento, aprovechar al máximo las oportunidades para incrementar el volumen y la rentabilidad de sus negocios, armonizar su relación con todos los ecosistemas naturales, económicos y político-sociales en los que participan, y finalmente, para consolidar su fortaleza institucional, y de ese modo, asegurar su permanencia y sustentabilidad.

Esta creciente complejidad y los grandes desafíos que la actual dinámica económica, tecnológica, sociopolítica y regulatoria plantean a las organizaciones, ha colocado nuevamente el tema del Gobierno Corporativo (GC) en el primer círculo de los radares económicos y de negocios a nivel global, al grado que los grandes organismos económicos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), así como diversos organismos regionales en la Unión Europea, América del Norte y del Sur, han intensificado sus campañas para promover la difusión, la adopción de las mejores prácticas y el fortalecimiento de la cultura del GC por parte de las empresas en todos los niveles, tamaños y sectores de actividad.

Otro vector que también viene presionando fuerte en favor de del fortalecimiento de las prácticas de GC, tiene que ver con que desde hace ya más de una década los inversionistas más dinámicos en la gran mayoría de los mercados de valores son los grandes fondos de pensiones, organizaciones que administran una gigantesca masa de recursos financieros provenientes del ahorro para el retiro de cientos de millones de trabajadores de todo el mundo. La responsabilidad de manejar el dinero de los trabajadores, así como, el peso económico de estos agentes financieros les confiere el poder y la autoridad para exigir que las mejores prácticas de GC se adopten cabalmente en todos los grandes y pequeños mercados internacionales.

De lo que hablamos aquí, es que existe un movimiento mundial en favor de las mejores prácticas de GC, y de que este movimiento es la respuesta a una problemática empresarial también mundial, de la que no se salvan ni siquiera las gigantescas y centenarias corporaciones europeas y norteamericanas. Lógicamente, si empresas de la magnitud de las grandes campeonas del NASDAQ, NYSE, LSE, HKEx y de otros importantes mercados bursátiles en el mundo, no han demostrado todavía que se encuentran vacunadas contra la debilidad institucional, lo que sigue es reconocer que esta problemática muy bien puede ser más acentuada en sistemas empresariales emergentes como es el caso de México y las demás naciones de América Latina.

¿Por qué debería existir una cruzada mundial, regional y nacional a favor de la adopción generalizada de las mejores prácticas de GC? La respuesta a esta interrogante abarca muchos aspectos de índole técnica, científica y hasta ideológica o moral, pero su significado profundo puede expresarse de una manera sencilla: ¡porque eso nos conviene a todos!

El GC representa un cuerpo más o menos amplio de prácticas de decisión, administración, supervisión, vigilancia, gestión y manejo de las actividades de las empresas y también aplica para todo tipo de organizaciones de carácter público o privado. Sus principales objetivos son los de planear, definir las estrategias, mejorar todos los procesos, vigilar el cumplimiento de las leyes y reglamentos internos, proteger a “los principales” (stockholders) y a todos los interesados en el buen desempeño de las compañías (stakeholders), incrementar su valor económico-social, el volumen de negocios y la rentabilidad, asegurando siempre, que todas las estrategias elegidas tengan como objetivo central en el largo plazo el fortalecimiento institucional y la sustentabilidad de las sociedades.

Además, es importante subrayar que la gran mayoría de los modelos de GC que se vienen aplicando en todo el mundo, tienen como punto de partida una amplia serie de principios y valores morales y filosóficos de alcance verdaderamente universal: ninguna cultura que haya prevalecido a lo largo de la historia de la humanidad, negaría o cuestionaría la importancia de la previsión; la honestidad y la justicia; la ética y la responsabilidad; la búsqueda de la excelencia; el respeto a los demás, al trabajo y a la naturaleza; el cumplimiento de las leyes, los reglamentos y los acuerdos; la transparencia y la equidad; la reflexión crítica, la actitud vigilante, la creatividad y la congruencia; la capacidad de dialogar, de trabajar en equipo, de encontrar soluciones innovadoras, de tomar decisiones colegiadas y consensadas; el liderazgo; una cuota importante de ambición debidamente racionalizada y controlada; la actitud positiva; la intención de buscar hacer siempre lo correcto y de rendir cuentas por el resultado de nuestro comportamiento y de nuestras acciones; entre algunas otras más, que conforman el abanico de las virtudes más apreciadas por los grandes filósofos desde las épocas de Pitágoras y Confucio, hasta los contemporáneos.

El hecho de que estos principios aplicados al mundo de los negocios constituyan los cimientos y los pilares del GC, nos lleva a concluir que las mejores prácticas de GC forman parte del extraño mundo de la virtud, un mundo al que la mayoría de las personas desean pertenecer, pero que por las diversas complejidades de la naturaleza humana, encuentran sumamente difícil mantenerse indefinidamente en él.

Lo anterior, nos permite finalmente revelar la que muy probablemente es la cualidad más importante de los buenos modelos de GC: la de propiciar un manejo más asertivo, correcto, responsable, e institucional de las organizaciones. Con esto queremos destacar que el buen gobierno y la fortaleza institucional, pueden convertirse en el mejor antídoto para evitar, controlar y desalentar los incentivos que suelen experimentar la gran mayoría de las personas para desviarse aunque sea un poco o temporalmente de los caminos de la virtud.

Cuando la vida de las organizaciones se realiza en un marco de valores claramente establecidos y de fortaleza institucional, los márgenes para que sus directivos o empleados se desvíen de la normatividad se reducen a niveles tan bajos, que las fallas, los errores, las zonas grises y los incentivos para que las malas conductas tengan lugar prácticamente desaparecen.

Además, la experiencia empírica en las organizaciones que han alcanzado un alto nivel de buen gobierno y de solidez institucional, enseña, que una vez que sus colaboradores han experimentado orgánicamente los beneficios y ventajas que todo eso conlleva, el GC termina convirtiéndose en un importante factor de educación, generador de círculos virtuosos y de mejores patrones culturales capaces de extenderse gradualmente a lo largo de todas sus cadenas operativas y de las comunidades que tienen la fortuna de convivir con este tipo de compañías.

Si el desarrollo y multiplicación de las organizaciones bien dirigidas es capaz de convertirse en un vector para generar círculos virtuosos capaces de extenderse al conjunto de los economías, de permear el tejido social y de contribuir al mejoramiento de los patrones culturales de los ciudadanos de una nación o región, eso nos permite apreciar desde una óptica más amplia, por qué vale la pena implementar campañas de difusión y promoción de las prácticas GC para las empresas de todos los tamaños y en todos los sectores de actividad.

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