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El Gobierno Corporativo o “los círculos de la virtud”
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En el marco de CONAMIC 2015 se presentó el resultado del estudio realizado sobre Gobierno Corporativo en Instituciones de Finanzas Populares.

A continuación mostramos a nuestros lectores los aspectos generales de este estudio, sus antecedentes y presentación.

Para consultar el estudio completo visita nuestra paginas http://credi-reporte.com y http://www.cicloderiesgo.com/

En un país como México, en el que la penetración del crédito al sector privado es inferior al 30%; donde la mayoría de la población se encuentra excluida del sistema bancario, en el que la preferencia por la liquidez es muy elevada y el financiamiento con cargo a proveedores es algo más que un deporte nacional, el desarrollo de una amplia, sólida y diversificada plataforma de instituciones especializadas en finanzas populares representa una de las ventanas de oportunidad con mayores probabilidades de provocar un aumento significativo de la demanda agregada e impulsar nuevos círculos virtuosos generadores de inversión, creación de empleos y por ende, repercutir en un mayor crecimiento económico general.

La afirmación anterior, de ningún modo es una exageración, diversos estudios y la experiencia de naciones con niveles de desarrollo similares y aún más precarios que el de México, como la India, Malasia, China y Brasil, constituyen un ejemplo muy claro de que el aumento del crédito “a las bases de la pirámide” contribuye indiscutiblemente a la ampliación de los mercados internos y cuenta con el potencial para elevar la tasa de crecimiento del PIB de uno a dos puntos porcentuales y probablemente hasta algo más.

Partiendo de la evidencia empírica disponible, en México se ha formado ya un consenso bastante amplio en el sentido de que el desarrollo del sub-sector de servicios financieros populares ya es más un imperativo que una necesidad. La existencia de ese consenso quedó demostrada a finales del 2013 con la aprobación por el Congreso de la Unión de la llamada “reforma financiera” que incluyó entre sus principales objetivos: la profundización de los circuitos de crédito al sector privado y una mayor inclusión de los segmentos de la población de menores recursos que hasta entonces habían sido marginados por el sistema financiero tradicional.

La buena noticia, es que los cambios regulatorios contenidos en la reforma financiera han comenzado a generar resultados positivos en por lo menos cinco vertientes: la primera es el aumento de 27% a 29% en la penetración del crédito al sector privado al cierre de 2014; la segunda es un descenso gradual pero representativo de las tasas de interés; la tercera el aumento de 56% a 62% del ahorro interno con relación al PIB Nacional; la cuarta una mayor competencia en los mercados; y la quinta, el surgimiento de una mayor oferta de productos financieros y de un número importante de nuevas sociedades enfocadas en los diferentes segmentos del crédito y de las finanzas populares.

La mala, es que los 17 meses de vigencia de la reforma financiera mexicana no han estado exentos de problemas, pero aquí, es importante decirlo de una vez, la verdad es que nadie prometió que este proceso de cambio y transición se iba a desarrollar en un “jardín de rosas”. Uno de esos problemas, la quiebra de FICREA, tuvo efectos particularmente delicados para el sector de las finanzas populares ya que proporcionó el pretexto perfecto para la sobre-reacción oportunista y electorera de algunas bancada partidistas en la Cámara de Diputados, que a marchas forzadas, sin consultar a las numerosas organizaciones del sector y prácticamente sobre las rodillas, aprobaron una iniciativa de Ley de Ahorro y Crédito Popular, en la que se introducían una serie de cambios que de haber sido aprobados por la “Cámara Alta” hubieran generado una problemática muy seria en el sector, y muy probablemente, el cierre de cientos de sociedades en el sector de las finanzas populares.

Afortunadamente, el proceso de discusión y aprobación de esa iniciativa de ley en la Cámara de Senadores, fue suspendido para su revisión y discusión en el siguiente periodo ordinario de sesiones que iniciará el primer día de septiembre, abriendo ahora sí la posibilidad de participación de todos los sectores interesados e involucrados directamente en ese proceso.

Sin duda, a pesar de este y de algunos otros contratiempos, hasta ahora los resultados de los cambios regulatorios relacionados con la reforma financiera, parecen marchar en el sentido correcto y cabe esperar que las condiciones del sector en su conjunto y de su segmento “popular” también sigan por ese camino. Los primeros pasos ya se han dado, sin embargo, el desarrollo de un sistema financiero sólido desde el punto de vista institucional y a “prueba de balas” no es algo que pueda construirse en unos cuantos años, y eso vale también para todo el sector empresarial en México como en cualquier otro país emergente.

La realidad y la historia han enseñado siempre, que el desarrollo y consolidación de un sector de actividad económica, y especialmente de uno tan complejo como el de las actividades bancarias y financieras, nunca ha sido en ningún país un proceso lineal, y mucho menos, ha estado ni estará exento de experimentar altibajos o tropiezos, ya sean estos de pequeña escala o de gran magnitud. En ese sentido, baste recordar lo sucedido hace apenas unos años con la mega-crisis internacional originada por la explosión de la enorme burbuja de los créditos hipotecarios que arrastró a los sistemas financieros que hasta ese momento se creían los más sólidos del mundo en Estados Unidos y en Europa e implicó la desaparición de algunos gigantes corporativos que como Lehman Brothers presumían de ser “demasiado grandes para quebrar” y también lo sucedido con el llamado “efecto tequila” que detonó la crisis bancaria y financiera mexicana en 1995.

La misma experiencia histórica, también se ha cansado de demostrar que buena parte de las últimas grandes crisis económicas y especialmente de las que se han originado a partir de la construcción de gigantescas burbujas especulativas, tuvieron su origen en el marco de un relajamiento de los controles institucionales ya sea por parte de las autoridades regulatorias nacionales e internacionales, como por parte de las miles de compañías de todos tamaños que de un modo u otro participaron en esos procesos.

Dicho en pocas palabras lo que hizo falta para contener esos oleajes de “exuberancia irracional en los mercados” fue la existencia de estructuras institucionales robustas y profesionales para el buen gobierno de las organizaciones públicas y privadas, o dicho en tan sólo dos palabras: lo que faltó fue más y mejor “Gobierno Corporativo” (GC).

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